Concepto de residencia 2021

La verdad es que la memoria no consiste en absoluto en una regresión del presente al pasado, sino al contrario en un progreso del pasado al presente.”

Bergson H., Materia y Memoria, 2006.

En el arte se debe tener en consideración el concepto del potencial de lo intangible como eje de creación y de transformación: aquí caben la percepción, los hábitos,  la cultura, la palabra, el tiempo o la memoria.

Esta simbiosis entre lo tangible y lo inmaterial es la que a lo largo de la historia va formando la identidad de un territorio. 

Si hay una cosa que destaca de la Vall de Gallinera, aparte de su configuración geológica y su patrimonio natural, son los vestigios que van desde la prehistoria hasta la guerra civil, pasando por poblados íberos, estelas funerarias o castillos medievales. Este legado histórico, huellas del ser humano a lo largo de milenios, se ha conservado en este enclave gracias a su idiosincrasia natural. Son el resultado material de un tiempo no lineal que presenta un diálogo del ser humano con la naturaleza a través de sus capas.  Estos restos que aparecen estratificados, son la representación metafórica de un libro (la naturaleza) en el que el ser humano ha ido incidiendo su historia y definiendo su identidad.  

La naturaleza siempre ha sido la fuente de investigación espiritual e inspiración del ser humano, no sólo en la teoría sino en la práctica en el espacio. No es casualidad que de los árboles aparezcan las formas de las columnas, de las cuevas los arcos etc. Esta unión aparece representada en los diferentes estilos, funciones y degradación de los restos cuando el tiempo y diferentes factores los alteran. 

A esa ausencia/presencia que se conserva en la actualidad – con el potencial de lo invisible traducido en la historia de las civilizaciones que han pasado – ha reforzado la identidad propia y conservado la naturaleza existente como testigo. Esos son los elementos que se invita a reinterpretar a los artistas con sus obras. 

Se pretende abrir un nuevo capítulo, dejar una huella contemporánea para continuar ese diálogo con el entorno a través del arte contemporáneo, año tras año. Esa relación con lo que queda, junto a lo que ya no es visible pero está presente y forma parte de la vida de la gente de la Vall de Gallinera, representa quiénes son como resultado del camino recorrido.